Desde muy joven, la princesa Elena fue juzgada con dureza por su aspecto y terminó casándose con un hombre 15 años mayor por decisión de su madre. Con el tiempo, sus problemas de salud la llevaron a depender de sustancias utilizadas entonces como medicamentos, mientras la propia reina Victoria llegó a considerarla hipocondríaca y a minimizar algunas de sus dolencias. Luego vendrían pérdidas familiares, conflictos dentro de la corte y una guerra que colocaría a miembros de su propia familia en bandos enemigos. Después de haber pasado gran parte de su vida cerca del centro de la monarquía, sus últimos años estarían marcados por un creciente aislamiento. Esta es su historia.
EL DIFÍCIL NACIMIENTO DE ELENA
La princesa Elena nació a las 3 de la tarde del 25 de mayo de 1846 en el palacio de Buckingham. Fue la quinta de los nueve hijos de la reina Victoria y el príncipe Alberto, y la tercera de sus hijas. Su nacimiento ocurrió apenas un día después de que su madre cumpliera 27 años. El parto fue más difícil que los anteriores.
«Considerablemente azul»
Así describió Alberto a Elena recién nacida.
Alberto escribió a su hermano Ernesto II que la recién nacida había llegado al mundo «considerablemente azul», aunque se recuperó rápidamente. También explicó que Victoria había sufrido durante más tiempo y con mayor intensidad que en sus partos anteriores.

El 25 de julio de 1846, Elena fue bautizada en la capilla privada del palacio de Buckingham con los nombres de Helena Augusta Victoria. Dentro de la familia, sin embargo, comenzaron a llamarla Helenchen, un diminutivo alemán que pronto se redujo a Lenchen, nombre con el que sus familiares la conocerían durante el resto de su vida.
Desde pequeña, Lenchen mostró una personalidad extrovertida y de carácter fuerte. Cuando sus hermanos se burlaban de ella, no solía quedarse callada y llegó incluso a golpear en la nariz a quien la molestaba. También desarrolló una relación especialmente estrecha con su hermano Alfredo, con quien compartía el gusto por las actividades al aire libre.
En 1848, tras el nacimiento de Luisa, Helena dejó de ser la hija menor y pasó a ser una de las de en medio. Con el tiempo, sus habilidades artísticas e intelectuales quedaron en segundo plano frente a las de algunas de sus hermanas.

LA MUERTE QUE CAMBIÓ SU JUVENTUD
La educación de Elena estuvo a cargo de tutores privados elegidos por su padre, el príncipe Alberto, y por el barón Christian Friedrich Stockmar, consejero cercano de la familia real. Aprendió alemán y música, mostró desde niña habilidad para el dibujo y llegó a tocar el piano a un nivel muy alto.
Sin embargo, Elena también desarrolló intereses poco habituales para una joven de la realeza de aquella época. Compartía con su padre una gran curiosidad por la ciencia, la tecnología y la mecánica. Durante los viajes familiares en los yates reales cerca de Osborne House, solía bajar bajo cubierta para observar el funcionamiento de las embarcaciones. También disfrutaba de la equitación y la navegación.
Regordeta, poco elegante y con un marcado doble mentón.
Descripción de Jerrold Packard sobre Elena hacia los 15 años.
Durante su adolescencia, su aspecto físico comenzó a ser motivo de críticas. Hacia los 15 años, el biógrafo Jerrold Packard la describió como regordeta, poco elegante y con un marcado doble mentón. La comparación con sus hermanas tampoco la favorecía: mientras Luisa era considerada una de las bellezas de la familia, Elena era juzgada con mucha mayor dureza.

Poco después ocurrió el acontecimiento que marcaría profundamente su juventud. El 14 de diciembre de 1861, su padre, el príncipe Alberto, murió en el castillo de Windsor a los 42 años. Su muerte sumió a la reina Victoria en un duelo profundo y puso fin a la vida familiar que Elena había conocido hasta entonces. Apenas 5 días después, la familia se trasladó a Osborne House, en la isla de Wight.
Poco más de un mes después, Elena expresó la magnitud de su dolor en una carta a su amiga Emily Maude:
«Yo adoraba a Papá, lo amaba más que a nada en la tierra, su palabra era una ley sagrada, y él era mi ayuda y consejero… Estas horas fueron las más felices de mi vida, y ahora todo, todo ha terminado».
— Princesa Elena, en una carta a Emily Maude, 20 de enero de 1862.
EL ROMANCE PROHIBIDO
Tras la muerte del príncipe Alberto, la reina Victoria se apartó drásticamente de la vida pública y comenzó a depender cada vez más de sus hijas. Confió a Alicia el papel de secretaria no oficial y, por edad, Elena habría sido la siguiente en ayudarla. Sin embargo, Victoria la consideró todavía incapaz de asumir aquella responsabilidad porque no podía pasar mucho tiempo sin romper a llorar por la muerte de su padre.
En su lugar eligió a Luisa, que tenía apenas 13 años, mientras Elena tenía 15. La situación cambió tras el matrimonio de Alicia con el príncipe Luis de Hesse en 1862. Elena terminó convirtiéndose en secretaria no oficial de su madre, escribiendo cartas, ayudándola con su correspondencia política y haciéndole compañía durante sus largos periodos de aislamiento. Con el tiempo se volvió indispensable para Victoria, quien llegó a escribir en 1865:
«No sé qué haría sin ella; se hace tan útil y es tan querida y atenta».

Durante aquellos años, Elena comenzó a desarrollar sentimientos por Carl Heinrich Ruland, un alemán que había llegado a la corte en 1859 para sustituir a Ernst Becker, secretario del príncipe Alberto. Más tarde se convirtió en bibliotecario del príncipe y también enseñaba alemán al príncipe de Gales, el futuro Eduardo VII, y a su hermano Alfredo. Tras la muerte de Alberto, Victoria decidió mantenerlo a su servicio.
La cercanía entre Elena y Ruland terminó convirtiéndose en un romance. Aunque se desconoce hasta dónde llegó la relación, las cartas que sobrevivieron demuestran que sus sentimientos iban mucho más allá de una simple amistad. En 1863, Victoria descubrió la relación y reaccionó de forma fulminante: Ruland fue despedido de la corte y regresó a Alemania, poniendo fin de manera abrupta a su cercanía con Elena. Nunca volvió a recuperar el favor de la reina.

Después de aquel episodio, Victoria comenzó a buscar un esposo adecuado para su hija, decidida a evitar que una situación semejante volviera a repetirse.
SU MADRE DECIDIÓ CON QUIÉN CASARLA
La búsqueda de un esposo para Elena no resultó sencilla. Como hija intermedia de la reina, sus posibilidades de protagonizar una gran alianza dinástica eran más reducidas. A esto se sumaba la forma en que su propia madre juzgaba su apariencia.
En una carta a su hija mayor, la princesa Victoria, la reina escribió que Elena era «útil, activa, inteligente y amable», pero añadió que no mejoraba en apariencia, que tenía grandes dificultades con su figura y que le faltaba elegancia en sus modales. Incluso llegó a considerarla una de sus hijas menos prometedoras.
Victoria impuso además una condición fundamental: el futuro esposo de Elena debía estar dispuesto a vivir permanentemente en el Reino Unido y cerca de ella. Finalmente eligió al príncipe Cristián de Schleswig-Holstein, que tenía 34 años, 15 más que Helena, y podía establecerse en Gran Bretaña.

La propuesta sorprendió incluso al propio Cristián. Cuando Victoria lo mandó llamar a Inglaterra, llegó a creer que la reina viuda estaba buscando un nuevo consorte para ella misma. Solo después descubrió que, en realidad, estaba siendo considerado como esposo para Elena.
Pero su elección provocó un serio conflicto familiar. La familia de Cristián reclamaba derechos sobre Schleswig y Holstein, territorios que Dinamarca había perdido tras la Segunda Guerra de Schleswig de 1864. Alejandra, princesa de Gales e hija del rey Cristián IX de Dinamarca, se opuso firmemente al enlace y contó con el apoyo de su esposo, el príncipe de Gales.

Alicia también rechazó el matrimonio, aunque por una razón diferente: creía que su madre estaba sacrificando el futuro de Elena para mantenerla cerca. La tensión llegó a ser tan fuerte que el príncipe de Gales se negó inicialmente a asistir a la boda.
Elena, sin embargo, estaba decidida a casarse con Cristián y había desarrollado un sincero afecto por él. El compromiso se anunció el 5 de diciembre de 1865 y la boda se celebró el 5 de julio de 1866 en la capilla privada del castillo de Windsor. Tras la ceremonia, los recién casados emprendieron su luna de miel por París, Interlaken y Génova.
DOS EMBARAZOS, DOS TRAGEDIAS
Tras su matrimonio, Elena y Cristián se instalaron primero en Frogmore House y, en 1872, trasladaron su hogar a Cumberland Lodge, en Windsor Great Park. Durante sus estancias en Londres se alojaban en el palacio de Buckingham.
A pesar de las fuertes críticas que había provocado el enlace, Elena y Cristián desarrollaron una relación estrecha y estable que se prolongaría durante más de 50 años. Cristián aparentaba incluso más edad de la que tenía y, durante la boda, un invitado llegó a comentar que Helena parecía estar casándose con «un tío anciano».

Entre 1867 y 1872 nacieron sus cuatro primeros hijos: Cristián Víctor, Alberto, Elena Victoria y María Luisa. Pero durante aquellos mismos años la salud de Elena comenzó a deteriorarse. En 1869 tuvo que cancelar un viaje a Balmoral después de enfermar en la estación de ferrocarril; al año siguiente padeció un fuerte reumatismo y, en 1871, sufrió una grave congestión pulmonar.
Para aliviar sus constantes dolencias, terminó desarrollando una dependencia del opio y del láudano. Sus dos últimos embarazos terminaron en tragedia. Harald, nacido en mayo de 1876, murió apenas 8 días después. Al año siguiente Elena volvió a dar a luz, pero el niño nació muerto tras un parto extremadamente difícil.
La reina Victoria escribió que su hija, agotada, preguntaba repetidamente si el bebé estaba vivo, aunque nunca llegó a respirar. Victoria, sin embargo, llegó a considerar a Elena hipocondríaca y creía que Cristián agravaba el problema al ser un marido demasiado indulgente. También se quejó de que su hija tendía a mimarse demasiado y a ceder ante la enfermedad. Apenas 8 días después del parto de 1877, escribió a su médico que Elena era «muy propensa a quedarse en cama» y pidió que la hicieran levantarse cuanto antes.
ELENA CONTRA FLORENCE NIGHTINGALE
Elena encontró en la asistencia sanitaria una de sus principales áreas de trabajo. En 1870, durante la guerra franco-prusiana, se convirtió en presidenta del Comité de Damas de la Cruz Roja Británica, colaborando en el reclutamiento de enfermeras y en la organización de suministros para los soldados heridos.
Dos años después asumió la presidencia de la recién creada Escuela de Costura de Arte, fundada para recuperar el bordado artístico y ofrecer empleo a mujeres que habían quedado sin medios para mantenerse. Elena participó activamente en la búsqueda de fondos y la institución acabaría convirtiéndose en la Real Escuela de Bordado.
Pero fue en la enfermería donde protagonizó una de sus mayores luchas. En 1887 se convirtió en la primera presidenta de la Asociación de Enfermeras Británicas y respaldó la creación de un registro de enfermeras cualificadas y una formación mínima común.
La propuesta la colocó en el lado opuesto de Florence Nightingale, quien consideraba que la calidad de una enfermera no podía decidirse únicamente mediante exámenes. En 1888, Nightingale llegó a advertir del riesgo de convertir la enfermería en un simple «negocio de libros y exámenes».

Elena, sin embargo, mantuvo su apoyo al registro. En 1891 la asociación recibió el título de «Real» y, en 1893, obtuvo una Carta Real que le dio reconocimiento oficial y le permitió mantener su propia lista de enfermeras cualificadas. Sin embargo, el registro estatal que Elena apoyaba no llegaría hasta 1919, cuando el Parlamento aprobó la Ley de Registro de Enfermeras.
LAS CARTAS QUE DESATARON UN CONFLICTO
Además de su labor pública, Elena mostró un fuerte interés por la traducción. En 1867 colaboró en la biografía oficial de su padre traduciendo del alemán al inglés varias de sus cartas. El autor, sir Charles Grey, destacó la «sorprendente fidelidad» de su trabajo.
En 1878, Elena sufrió la pérdida de su hermana Alicia, fallecida de difteria en Darmstadt. Mientras continuaba trabajando como traductora, en 1882 publicó la versión inglesa de un manual alemán de primeros auxilios.
Un año después, la figura de Alicia volvió a ocupar un lugar central en su trabajo. Karl Sell publicó en Alemania una biografía de la princesa acompañada por una selección de sus cartas, y Elena decidió preparar la edición inglesa, traduciendo la biografía y añadiendo un breve prefacio.

Pero la publicación estuvo a punto de verse frenada por un conflicto de derechos de autor. El editor alemán Arnold Bergsträsser afirmó tener derechos sobre la recopilación de las cartas y exigió retrasar la edición británica. Elena y la reina Victoria rechazaron sus exigencias, que llegaron a calificar de:
«injustificadas, por no decir impertinentes».
Finalmente se alcanzó un acuerdo y el libro fue publicado en 1884. La primera edición se agotó casi de inmediato. Para evitar nuevos conflictos, en la segunda edición Elena sustituyó la biografía de Karl Sell por unas memorias sobre Alicia escritas por ella misma. Su trabajo como traductora continuó y, en 1887, publicó también su versión inglesa de las memorias de Guillermina, margravina de Bayreuth.
EL MATRIMONIO QUE TERMINÓ EN ESCÁNDALO
En julio de 1891, Elena vio casarse a su hija María Luisa con el príncipe Aribert de Anhalt, en un enlace favorecido por su primo, el emperador Guillermo II. Pero el matrimonio pronto comenzó a deteriorarse. María Luisa y Aribert tenían poco en común y llegaron a pasar varios días sin verse incluso viviendo bajo el mismo techo. Él prefería sus obligaciones militares y la compañía de sus camaradas, mientras ella quedaba cada vez más aislada. También comenzaron a circular fuertes rumores sobre la posible atracción de Aribert hacia otros hombres.

Apenas unos meses después, en diciembre de 1891, Cristián sufrió un grave accidente durante una cacería de faisanes en Osborne. Su cuñado, el príncipe Arturo, duque de Connaught, disparó contra una de las aves y varios perdigones alcanzaron accidentalmente su rostro. Su ojo izquierdo quedó destrozado y tuvo que ser extirpado.
La reina Victoria reaccionó con horror ante la operación. Su médico personal, sir James Reid, escribió que la soberana hablaba como si los doctores quisieran realizarla «por su propio placer brutal». Finalmente aceptó la intervención, pero ordenó que no volvieran a mencionarle el asunto.
Cristián recibió después un ojo de vidrio y terminó desarrollando un peculiar sentido del humor sobre su prótesis, llegando incluso a poseer varios ojos artificiales de distintos aspectos.
Nueve años después, el matrimonio de María Luisa llegó a su fin. En diciembre de 1900, mientras viajaba por Estados Unidos y Canadá, recibió un telegrama de su suegro ordenándole regresar a Dessau. Poco después llegó otro mensaje, esta vez de la reina Victoria: «Dígale a mi nieta que vuelva a casa conmigo».
Las sospechas sobre la vida privada de Aribert volvieron entonces a cobrar fuerza y llegó a circular que había sido descubierto en una situación comprometida con un asistente masculino. Finalmente, Aribert pidió a su padre, el duque Federico de Anhalt, que utilizara sus poderes como soberano para poner fin al matrimonio. La unión fue disuelta el 13 de diciembre de 1900, sin el consentimiento de María Luisa.
Ella continuó considerando sagrados sus votos matrimoniales y nunca volvió a casarse. Su tío, el príncipe de Gales, futuro Eduardo VII, resumió con crudeza el fracaso del matrimonio: «Pobre Louise, ha regresado como se fue: virgen».
DOS PÉRDIDAS DEVASTADORAS
En abril de 1900, Alberto, segundo hijo varón de Elena, tuvo una hija fuera del matrimonio, cuya existencia permaneció oculta al público durante años.

Apenas 6 meses después, Elena sufrió una de las pérdidas más dolorosas de su vida. Su hijo mayor y favorito, Cristián Víctor, se encontraba sirviendo en Sudáfrica durante la Segunda Guerra Bóer. Allí enfermó de malaria y posteriormente desarrolló fiebre entérica. Murió en Pretoria el 29 de octubre de 1900, a los 33 años, justo cuando su familia esperaba su regreso a Inglaterra.
Elena canceló inmediatamente todos sus compromisos. Cristián Víctor fue enterrado en Pretoria, cumpliendo su deseo de descansar junto a sus compañeros si moría durante la campaña.

Apenas unas semanas después, Elena sufrió otra pérdida devastadora. El 22 de enero de 1901, la reina Victoria murió en Osborne House a los 81 años. Elena había permanecido muy cerca de su madre durante sus últimos días.

La última entrada del diario de Victoria, escrita apenas 9 días antes de su muerte, menciona repetidamente a «Lenchen» y termina registrando que la reina había estado firmando documentos y «dictando a Lenchen».
La muerte de Victoria cambió profundamente la posición de Elena dentro de la familia. Su hermano Eduardo VII no mantenía con ella la misma cercanía que había tenido su madre, mientras que la reina Alexandra tampoco había olvidado las tensiones provocadas décadas atrás por su matrimonio con Cristián. Elena quedó más apartada de la vida familiar de la nueva corte, aunque continuó cumpliendo compromisos públicos en representación de la monarquía.
Con la llegada de Eduardo VII al trono, la posición de Elena dentro de la nueva corte cambió. La reina Alejandra insistió en sustituir a Elena al frente del principal servicio de enfermería militar. Elena terminó cediendo el puesto, aunque conservó la presidencia de la Reserva de Enfermería del Ejército.

En agosto de 1902, Eduardo VII le concedió una residencia propia en Londres, De Vesci House, en Pall Mall, que más tarde sería conocida como Schomberg House. En 1904, Elena viajó con su hija Elena Victoria a Sudáfrica para visitar en Pretoria la tumba de Cristián Víctor. Durante el recorrido llegaron también a las cataratas Victoria y se convirtieron en las primeras huéspedes reales del recién inaugurado hotel Victoria Falls.
Dos años después, Elena y Cristián viajaron a Alemania para representar a Eduardo VII en las bodas de plata de su sobrino, el emperador Guillermo II, y de su esposa Augusta Victoria.
LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL
El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 colocó a Elena en una situación especialmente difícil. Parte de su familia se encontraba en el bando alemán y su propio hijo Alberto servía en el ejército prusiano, aunque dejó claro que no combatiría contra el país de su madre.
Durante la guerra, Elena y sus hermanas recibieron peticiones de familias británicas que buscaban noticias de soldados desaparecidos. Para intentar localizarlos, enviaban las solicitudes a su sobrina Margarita, princesa heredera de Suecia, aprovechando la neutralidad de aquel país para obtener información entre los dos bandos.
En julio de 1916, Elena y Cristián celebraron 50 años de matrimonio, convirtiéndose en el primer matrimonio de la familia real británica en alcanzar sus bodas de oro desde Jorge III y la reina Carlota. Incluso en plena guerra, el emperador Guillermo II les envió un telegrama de felicitación a través de Margarita de Suecia.

Un año después, el fuerte sentimiento antialemán provocado por la guerra alcanzó directamente a la familia real. El 17 de julio de 1917, Jorge V cambió oficialmente el nombre de la dinastía de Sajonia-Coburgo-Gotha a Casa de Windsor y abandonó los títulos y denominaciones alemanes. Elena y Cristián dejaron entonces de utilizar «de Schleswig-Holstein» y pasaron a ser conocidos simplemente como la princesa y el príncipe Cristián.
Apenas 3 meses después, el 28 de octubre de 1917, Cristián murió en Schomberg House, en Londres, a los 86 años. Elena quedó viuda después de 51 años de matrimonio, aunque continuó vinculada a sus obras benéficas y participando en actos públicos.
ÚLTIMOS AÑOS Y MUERTE
Tras la muerte de Cristián, Elena continuó viviendo entre Schomberg House y Cumberland Lodge. Durante sus últimos años, algunos funcionarios intentaron que abandonara ambas residencias debido al costo de mantenerlas, pero Elena logró demostrar que tenía derecho a utilizarlas durante el resto de su vida.
En 1921, su hijo Alberto heredó el título de duque de Schleswig-Holstein y se convirtió en jefe de aquella rama de la familia. Elena, mientras tanto, continuó apareciendo ocasionalmente en público.
Una de sus últimas apariciones tuvo lugar en abril de 1923, durante la boda del príncipe Alberto, futuro Jorge VI, con Elizabeth Bowes-Lyon. Apenas unas semanas después, su salud empeoró tras padecer influenza.
Elena murió de un ataque cardíaco en Schomberg House el 9 de junio de 1923, a los 77 años. Su funeral se celebró en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor y sus restos fueron depositados inicialmente en la cripta real. En 1928 fueron trasladados al Cementerio Real de Frogmore, donde también descansarían su esposo Cristián y su pequeño hijo Harald.


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